Europa en la comarca…

… y de la comarca a Europa.

Con esta nueva sección, queremos ir compartiendo historias de habitantes de nuestra comarca que, de una u otra manera, guardan relación con Europa. Hemos encontrado testimonios de personas que han estudiado o trabajado, o que todavía trabajan, en otros países de la UE, así como testimonios de personas procedentes de otros países que han recalado en el territorio de forma temporal o permanente, y tienen también mucho que contar. Esperamos que las disfrutéis.

1. Peter Smith

Peter Smith

Peter Smith es inglés, y llegó a nuestra comarca hace más de cuarenta años. Fue durante unas vacaciones que acabaron convirtiéndose en una muy larga estancia no mucho tiempo después, o, por decirlo de otra forma, se acabaron convirtiendo en toda una vida en la Cantabria rural.

Vive en Matienzo, uno de los núcleos que conforman el municipio de Ruesga, famoso por el poljé donde se sitúa y al que da nombre. El pueblo, dice, ha cambiado completamente en cuarenta años, aunque, por otra parte, «todo cambia, y todo sigue igual». Señala, sin embargo, que en la década de los 70 Matienzo le sorprendió por su cosmopolitismo: en verano coincidían allí matienzanos provenientes de una gran diversidad de países, emigrantes nostálgicos que daban color al pueblo durante unas semanas.

Entrados en materia, en general, considera que la entrada de España en la Unión Europea (él vive aquí desde antes de que esta se produjera) facilitó mucho las cosas, especialmente en lo que se refiere a los permisos de trabajo y de residencia, pero también en temas de atención sanitaria, derechos, etc. Claro que el brexit (la salida del Reino Unido de la Unión Europea) volverá a ponerlas algo más difícil para él y para tantos británicos residentes en España.

A la pregunta de si considera que la comarca se ha abierto más a Europa durante estos años, Peter responde que sí, puesto que la gente viaja más, sale fuera a trabajar… Pero se ríe pensando en que, quizás, Ryanair haya influido más en este fenómeno de lo que ha hecho la propia Unión Europea.

A un nivel más personal, Peter se siente aceptado como un habitante más, «como se acepta a alguien que viene de Santander, por ejemplo». Por su trabajo como traductor, en ocasiones ha colaborado con personas en Portugal, algo que, gracias al marco común de la Unión Europea, no ha conllevado ninguna dificultad. Por eso, sigue las noticias sobre el brexit con gran interés, ha solicitado la nacionalidad española, y considera que, en este tema, no se ha pensado en los derechos de los ciudadanos, que han pasado a un segundo plano.

Peter apoya, en general, la idea de Europa, pero no por ello niega que existan muchos problemas a los que, de momento, la Unión Europea no ha sabido dar respuesta.

¡Gracias, Peter, por participar!

 

2. Almudena Garrido Díez

Almudena Garrido

Almudena nos recibe en su maravillosa casa ecológica, Abrazo House, construida con sus propias manos y las de las muchas personas que han pasado por allí para echar una mano y aprender sobre las técnicas de bioconstrucción utilizadas en el proceso. Almudena nos cuenta su historia: acabó sus estudios universitarios en 1992 y, poco después, tomó la decisión de irse a Irlanda a trabajar de au pair. Tenía el billete de ida, pero no el de vuelta. Acabó quedándose durante tres meses en la casa de la familia para la que trabajaba, a las afueras de Dublín, para, más tarde, mudarse al centro con una amiga tras conseguir una beca Leonardo (de prácticas, ahora englobadas bajo el paraguas Erasmus+) en la Universidad de Dublín, donde acabó quedándose tres años más. Trabajó en el Departamento de Arquitectura, llevando la parte económica de los proyectos europeos. Su relación con Europa en todos los sentidos, pues, viene de lejos.

Hay que tener en cuenta que, en la época en que Almudena estudió, el programa Erasmus y, en general, las oportunidades de movilidad que ofrecía la Unión Europea eran incipientes y por tanto limitadas y poco conocidas. Recuerda, por ejemplo, que estando en 5º de carrera solo un compañero llegó a irse de Erasmus. Para ella, mudarse a Irlanda significó la independencia, vivir por primera vez fuera de casa, y fue una experiencia tan buena que incluso le costaba volver de vacaciones a su tierra. Aquellos años fueron años extraordinarios en Dublín, una ciudad todavía pequeña en la que una se podía mover en bici para ir a cualquier parte. Para poner las cosas algo más difíciles, conoció a su actual pareja, Robert, tan solo tres meses antes de volverse. La «vuelta» no duró mucho, pero después de un par de ciclos de ida y vuelta, acabó entrando a trabajar en la gestión de proyectos europeos en la Universidad de Deusto, en Bilbao, en 1998, donde continúa. Robert llegó un año más tarde. Tras varios años en Bilbao, decidieron dejar la ciudad, que en cierto modo les asfixiaba, para venirse a la comarca, y desde 2006 viven en Voto.

A nivel personal, considera que estas experiencias le han abierto mucho la mente. No puede evitar la comparación con antiguos compañeros de estudios que nunca salieron y se han perdido esa apertura de horizontes vitales que proporciona el vivir en otra cultura y en otro idioma. Por no mencionar la cantidad de personas a las que llegó a conocer, también de aquí, y con las que mantuvo el contacto durante mucho tiempo después. Las relaciones, transcurridos tantos años, acaban difuminándose e incluso perdiéndose (no ha vuelto a Dublín desde 2002), pero le encantaría volver a ver a sus antiguos amigos en algún momento.

Cuando llegamos al tema por el que preguntamos a todas las personas entrevistadas, la relación y el impacto de la UE sobre la comarca, Almudena admite no ver dicho impacto a nivel global. La cosa cambia si hablamos a nivel personal, entonces su relación con Europa es muy fuerte: en su casa se han alojado (y siguen alojándose) muchísimos ciudadanos europeos, e incluso de otras partes del mundo, como fue el caso de los estudiantes que, durante varios años, visitaban el proyecto en el marco del Máster en Gestión de Sistemas Regionales de Salud, que ella misma coordinó durante cinco años. Recuerda también, por ejemplo, a los participantes de un proyecto europeo puesto en marcha por antiguos voluntarios europeos EVS, una iniciativa juvenil («Manucas») que promovía la protección del medio ambiente, el voluntariado y una juventud activa a través de la organización de estancias de voluntariado. O a los grupos de scouts belgas que deben hacer dos semanas de trabajos voluntarios y también han pasado por allí. Estas y muchas otras personas contactan con ellos a través de su página web, que está principalmente en inglés. Su casa (www.abrazohouse.org) ha acabado siendo, pues, una pequeña ventana por la que Europa se asoma a la comarca.

Por otra parte, sí cree que en el territorio la gente salga más y viaje más, lo que puede que sí guarde cierta relación con el hecho de pertenecer a la Unión Europea. Dada la situación de su pareja, sigue con interés el brexit. Considera que se les ha ido de las manos a sus responsables, y que está generando muchísima confusión. Por poner un ejemplo, en la Universidad el programa Erasmus+, sin el Reino Unido, sufrirá cambios que provocarán algún que otro lío. No puede evitar sentir mucha tristeza y, a pesar de todo, todavía confía en que se llegue a dar marcha atrás: al fin y al cabo, la Unión Europea es una «máquina de burocracia», pero tiene sus muchas cosas buenas.

 

3. Jaime Bonachea Pico

Jaime Bonachea 3

Jamie Bonachea no olvidará su experiencia europea por muchos años que pasen. De hecho, han pasado ya dieciocho desde que estuvo en Módena, Italia. De Módena son el famoso vinagre balsámico y el Lambrusco, de allí era el tenor Pavarotti y otro icono italiano, la Ferrari, tiene su sede en la provincia. Llegó allí con un contrato predoctoral, en el marco de un proyecto europeo en el que colaboraban la Universidad de Cantabria y la de Módena.

Era la primera vez que salía a vivir fuera de España. Tras cursar sus estudios de licenciatura en la Universidad de Oviedo, comenzó su doctorado en la Universidad de Cantabria, y fue así como se le presentó la oportunidad de vivir su año de inmersión italiana. Trabajaba en italiano, un idioma que, por razones obvias, tuvo que aprender en un tiempo récord acudiendo a cursos para inmigrantes que daba voluntariamente una compañera de trabajo, y donde coincidió con varias personas peruanas. Para él el italiano es casi una segunda lengua, a menudo le decían que hablaba con acento del Sur de Italia, y fue con esta motivación con la que, al volver a Cantabria, se apuntó en la Escuela Oficial de Idiomas. Paradojas de la vida, no consiguió aprobar (al fin y al cabo, nunca había «estudiado» el idioma, sino que lo aprendió mediante su uso, que es una forma tan válida como cualquier otra de lograr el dominio de una lengua).

Un año inolvidable raramente va a darse si no hay amigos cerca. Jaime conoció a mucha gente, entabló amistad con sus compañeros de trabajo, con los que aún mantiene contacto. Durante su estancia, compartió piso con personas en un primer momento desconocidas; vivía con una italiana del Norte, un italiano del Sur y un chico croata, y al final con un brasileño. Estas personas le hicieron sentirse muy arropado cuando, por aquellas fechas, murió su abuela (los años fuera también esconden, aunque no sean tan visibles, momentos tristes). Viajó bastante, visitando las ciudades más importantes dell’Italia (tener su coche allí ayudó bastante con esto), salió, lo pasó bien. Mantener el contacto con algunas de esas personas quizás en su caso sea más fácil de lo normal porque con muchas sigue manteniendo relaciones profesionales y así han ido coincidiendo en congresos y reuniones a lo largo de estos años. Él, por su parte, volvió a Módena en 2010 y, dejándose arrastrar por la nostalgia, no pudo evitar pasar por la calle en la que vivió diez años antes.

En el plano más terrenal y práctico, todo fue relativamente fácil, al fin y al cabo, esta es una de las ventajas de compartir espacio en la Unión Europea. Fueron fáciles los papeleos, fue fácil abrir y cerrar una cuenta bancaria o acudir a la Seguridad Social italiana, por ejemplo. Recuerda que el uso de los teléfonos móviles estaba mucho más extendido que en España. En aquella época, Telefónica ofrecía su célebre paquete «Europa 15», quince minutos de teléfono al día con España, que logró tranquilizar a tantos padres y madres de hijos en busca de la aventura europea y a él le facilitó el contacto con la familia y los amigos de España.  También le llamó la atención que el número de inmigrantes en Italia (sobre todo del norte de África) era muy superior al existente en España por aquel entonces y, por tanto, era un fenómeno ampliamente aceptado por la población. Muchos sudamericanos se encargaban ya en aquellos momentos de atender a personas mayores en sus casas, algo que viviríamos en nuestro país muchos años después. En definitiva, Jaime se fue con la impresión de que Italia (o, al menos, Módena) estaba mucho más adelantada que lo que él conocía de su país.

Cuando se le pregunta por cómo ve la relación entre nuestra comarca y la UE hoy en día, Jaime expresa su convicción de que, desde que en 1986 España entrara a formar parte de ella, el país (y, por ende, la comarca) ha evolucionado mucho. Claro que, aquí, coincide con Peter en algo: Ryanair ha abierto muchas puertas en Cantabria. En general, la gente viaja y se mueve más, y ya no solo a Europa.

¿Unas últimas palabras? «Viajar te enseña a defenderte por ti solo», asegura, especialmente si te vas a trabajar. «Una experiencia de estas es como una mili», dice entre risas, «hay que vivirla para ver lo que hay fuera».

 

4. Lorraine Fogarty

Lorraine Fogarty

Lorraine es de Tipperary, Irlanda, y llegó a Ampuero en septiembre de 2017, aunque ya llevaba varios meses más en España, concretamente en Valencia, en donde se ha instalado su madre. Lorraine, como Eleni, Claudine y David (próximos protagonistas de esta sección), trabaja como profesora de inglés en la academia que este último dirige en Ampuero, «Ampuero English Centre». Ya había vivido fuera de Irlanda cuando se fue a estudiar a la universidad en Inglaterra durante tres años, pero esta es la primera vez que se encuentra viviendo en un lugar con una lengua diferente. De hecho, considera que el idioma es la principal barrera encontrada en estos meses. A pesar de ello, cuando ha necesitado ayuda para hacer los trámites requeridos para trabajar aquí, como obtener el NIE, la ha recibido sin problemas.

Vivir y trabajar en Ampuero ha significado para ella una comenzar una vida completamente distinta. Todo ha cambiado para ella, pero está convencida de que esta experiencia le está abriendo y le abrirá un montón de puertas, a la vez que conoce a mucha gente nueva que enriquece su vida. Por supuesto, entablar relaciones es difícil para alguien que, como ella, no habla bien español. De esta manera, debe limitarse a conocer mejor solo a aquellas personas con las que puede comunicarse en inglés. Aún así, ha notado las diferencias entre esta cultura y la suya, y encuentra que, en algunos aspectos, aquí las cosas son más relajadas, o que la gente es más «tocona» (vamos, que tiene menos miedo al contacto con otras personas). Además, considera que, en general, las personas a las que ha conocido son partidarias de la idea de Europa, tanto en nuestra comarca como en Valencia.

La aventura rural de Lorraine no durará mucho más tiempo: en verano tiene pensado asistir a clases de español en Valencia y, en el futuro, quién sabe…

 

5. Eleni Armuti (Ελένη Αρμούτη)

Eleni Armuti

Eleni es de la isla de Eubea, en Grecia, («Evia», si lo pronunciamos a la griega) y, desde septiembre de 2016, vive y trabaja en Ampuero. Para ella, esta ha sido la primera vez en España, así como la primera vez que ha vivido fuera de Grecia. Como la mayoría de los jóvenes griegos, se fue de casa para ir a la universidad, en su caso a Atenas, donde estudió Filología inglesa y donde trabajó como profesora de inglés durante dos años después de obtener el título, hasta 2016. Sin embargo, llegó un momento en que se empezó a replantearse muchas cosas: le pareció que se estaba estancando y, aunque no negaba su necesidad de cierta estabilidad, tampoco podía imaginarse la vida en una ciudad tan grande como Atenas. «Si no lo hago ahora, no lo voy a hacer nunca», pensó, y así fue como se decidió a cambiar su rumbo.

Aterrizó en España tras una decisión meditada: pensó que, dentro de la gran experiencia que supondría viajar y vivir en otro país, en España encontraría una cultura parecida a la griega, en especial en algo tan importante como el carácter comunicativo de las personas. Además, sabía inglés, italiano y francés, pero no español, con lo que podría añadir un idioma más a su lista. Buscaba también una región que no se pareciera ni remotamente a una gran ciudad, por lo que nuestra comarca le iba como anillo al dedo y, por último, el trabajo que iba a desempeñar le exigía algo que ya conocía, puesto que tenía experiencia en el campo. Por otra parte, no menos importante, vivir aquí le permitiría llegar a conseguir lo que buscaba: la calma necesaria para tomar decisiones vitales.

¿Ha tomado, pues, alguna decisión tras casi dos años entre nosotros? Sí, se ha matriculado en una universidad irlandesa para estudiar un máster en un ámbito que le interesa enormemente: la orientación en la carrera y el desarrollo profesionales a personas en diferentes etapas de su formación o del ejercicio de su profesión. Si no consigue una plaza, sabe que se quedará por aquí o se irá a algún otro país de la UE, así que por el momento no contempla la vuelta a Grecia. Pero, en definitiva, siente que ha encontrado la calma y ha podido empezar a pensar en el futuro. Esto ya es mucho. Por otro lado, está la nostalgia: echa de menos a sus amigos, a su familia, o el simple hecho de no estar obligada a hablar en español o en inglés desde que se levanta por la mañana o a explicar cosas continuamente. Pero tu vida personal, dice, se adapta a las circunstancias. Es así, o lo aceptas y te adaptas, o cambias, y no hay más. En su caso, adaptarse fue relativamente fácil, España es un país que facilita las cosas en este sentido.

A nivel práctico, subraya la importancia de tramitar ciertos papeles cuando se vive en otro país: la tarjeta de salud europea es una ayuda esencial, por ejemplo. A nivel personal, ha recibido muchos comentarios del tipo de «tu país es el eslabón más débil de la cadena europea», o «en España estaremos mal, pero vosotros os habéis pasado de la raya». Entiende que, siendo la primera griega en el pueblo, es relativamente normal que la gente lance comentarios así.  Lo bueno de vivir aquí, dice, es que no le quedó más remedio que aprender español, puesto que es muy sociable y no había, si no, otro modo de poder entablar conversaciones con los lugareños. Esta experiencia le ha hecho descubrir muchos aspectos de su personalidad en los que antes no se había fijado. Ha descubierto, por ejemplo, que es valiente.

En general, ve movimiento en la comarca. Se relaciona con gente de su generación y, en su opinión, se viaja y se hace turismo. Pero no se atreve a asegurar que la gente se interese a un nivel más profundo por la Unión Europea. Sí se interesa por la cultura de otros países, por ver cómo se vive en ellos. Además, muchos querrían irse fuera a trabajar. Pero también ve cierta suspicacia, relacionada con la crisis que sigue existiendo en Europa, y con dónde se sitúan los focos donde esta se originó.

Σ’ευχαριστώ πολύ, Ελένη, για το χρόνο που μας αφιέρωσες, και χάρηκα πάρα πολύ που άκουσα ελληνικά σε αυτό τον τόπο, σε μια καθαρή και ενθουσιώδη φωνή!

 

6. Javier de la Riva 

Javier de la Riva 2

Javier es un hombre de voz suave que irradia calma, quién sabe si conseguida después de una gran parte de vida vivida en lugares diversos. Nos remontamos al curso 1997/98, cuando decidió dejar Santander para irse a estudiar COU (el equivalente a 2º de Bachiller) a Irlanda, mientras vivía con una familia. Sabía, sí, algo de inglés, pero esta experiencia le sirvió para perfeccionarlo. A su vuelta, tras unos meses de estancia en España, decidió irse a Londres donde, entre los años 1998 y 1999, trabajó en un poco de todo (de camarero, limpiador, vendedor de periódicos…). Tiempo después, hacia 2002, instalado en Barcelona como artista de circo, comenzó su conexión italiana. Durante un par de años, trabajó en Italia los veranos, hasta que se mudó allí y acabó viviendo en Bolonia, y principalmente en Cerdeña, durante otros seis años. Tuvo un socio italiano durante ocho años, por lo que su relación profesional con Italia finalmente se alargó hasta los diez. El circo en Italia está mucho mejor considerado que en España, y por tanto las oportunidades son mayores, se celebran más festivales, etc. A esto se le añade el hecho de que, siendo extranjero y artista, tenía ese punto exótico que a veces facilita las cosas y hace la estancia en otro país más agradable. Javier volvió a Cantabria, pasando antes por Madrid, hace unos tres años y medio, y solo desde hace medio está instalado en nuestra comarca.

A nivel personal, considera que su periplo le ha abierto mucho la mente y le ha hecho ver que todos somos muy parecidos, y que no hay lugares únicos. Que nos parecemos en el trato, en el folklore, y en tantas otras cosas y, por tanto, uno aprende a dar menos importancia al lugar del que viene. Ha aprendido idiomas: domina el inglés y el italiano, lo que enriquece enormemente las relaciones y el contacto con otra gente, y ayuda a entender y disfrutar de la música, o a encontrar información en internet, por poner dos ejemplos. Como otros protagonistas de esta sección, ha conocido a muchas personas y hoy sigue manteniendo el contacto con muchas de ellas: muchos de sus mejores amigos son italianos. A nivel laboral, los idiomas también le han abierto puertas, como las oportunidades que tuvo en el pasado de trabajar en zonas turísticas frecuentadas por alemanes, o aquella entrevista de trabajo tras la que resultó seleccionado por saber italiano.

Cuando pasamos a hablar de la comarca, su impresión es la de que no existe un gran vínculo entre esta y Europa, de que «pertenecemos, pero no», y de que en gran parte esto es debido a un problema lingüístico. Considera que en España no se aprenden bien el francés, el inglés o el alemán, por ejemplo, con lo que para los jóvenes salir fuera se convierte en algo intimidatorio, lo que a Javier le provoca una gran tristeza. Añade que, sin ser algo exclusivo de nuestra comarca, nos cuesta movernos de nuestros lugares de origen. Por otra parte, las zonas rurales tienen en su opinión un problema de transporte público. «Cómo vas a pensar en irte a Londres si no tienes acceso a Santander», donde además es mucho más fácil entrar en contacto con jóvenes muy diversos y abiertos a cosas diferentes. Se necesita, concluye, que Europa dé más dinero en subvenciones que permitan una mayor movilidad, que se diseñen planes de trabajo que permitan mezclar a la gente, etc.

¡Grazie tante, Javier, for your kind help!

 

7. Lorena Abedul López

Lorena Abedul

Lorena Abedul, vecina de Rasines, es una de esas personas de presencia discreta que, sin embargo, esconden historias interesantísimas y periplos vitales intensos que, en nuestra opinión equivocadamente, no suelen asociarse a los habitantes de las zonas rurales. Es psicóloga experta en sociología empresarial, y muy recientemente, en septiembre de 2017, la Asociación Europea de Economía y Competitividad le ha otorgado la Medalla Europea al Mérito en el Trabajo, «en reconocimiento a sus méritos, servicios relevantes a la UE y sus extraordinarios trabajos».

Con su empresa, Actua Archos Management Group, trabaja tanto dentro de España como fuera. Calcula que aproximadamente un 60% del trabajo lo realiza en Francia, con lo que, en su caso, Europa es más que una idea o un marco: es una realidad cotidiana. Lorena estudió y trabajó en Francia y llegó a vivir durante diez años allí, pero ha vivido también fuera de la Unión Europea: vivió en México durante catorce años y un año más en EE. UU. Dos años más entre Suiza (que le aportó calma y le enseñó el verdadero significado de la honestidad) y Alemania (que no pudo evitar sentir fría) completan esta panoplia de destinos.

Resulta evidente la punzada de dolor que siente cuando comenta que, sin ser francesa ni cotizar en Francia, le resulta mucho más fácil trabajar allí, es más cómodo y tiene, en general, muchas menos trabas que en España. A ella le encantaría poder aumentar su carga de trabajo en la región, pero, de momento, parece que sus servicios son más solicitados en Francia. Como han señalado otras de las personas entrevistadas, los trámites y papeleos son, en general, sencillos. A nivel personal, sus experiencias fuera de España le han aportado muchas cosas buenas: la capacidad de adaptarse a otras mentalidades, de aceptar la diferencia como tal pero también como algo que te aporta un valor suplementario, un espíritu más abierto, mayor tolerancia. No menos importante, ha aprendido a comer: en su opinión, la gastronomía desempeña un papel significativo en nuestras vidas.

A la pregunta de cómo ve la relación entre nuestra comarca y Europa, no contesta de forma muy optimista. Sí, se nota que llegan personas de otros países, pero es más una cuestión de la difusión que actualmente ofrece internet, las redes sociales y los portales de reserva. No ve, sin embargo, que la gente salga fuera. La juventud, en su opinión, no quiere marcharse a pesar de la falta de oportunidades, puede que como consecuencia de una mezcla de excesivo conformismo y un fuerte arraigo.

Quizás, Lorena, tu historia sirva para encender alguna chispa de curiosidad.

 

8. David White

David White

David lleva ya más de una década instalado en Ampuero, donde enseña inglés a personas de todas las edades. Nació en Londres, pero creció en Cornualles, en el extremo suroeste de Inglaterra. Mientras estudiaba «Gestión de los recursos rurales» en la universidad, trabajaba en un hotel los veranos para poder pagarse los estudios, y allí es donde conoció a su mujer, cántabra. Vivieron en Inglaterra durante seis años y, cuando decidieron venirse para España, él ni siquiera chapurreaba el español. Por aquel entonces estaba acabando su segunda carrera, Filología inglesa, así que lo primero que hizo fue un curso para enseñar inglés como segunda lengua en Sevilla, a donde llegó con 46°C en junio, y a los cinco minutos ya le habían robado el móvil. Un comienzo apoteósico, sobre todo si tenemos en cuenta que no sabía nada de España ni tenía una idea muy concreta sobre lo que iba hacer. Pensaba que probablemente seguiría trabajando en la hostelería, o daría clases de inglés.

Esta primera experiencia en España no duró mucho, y acabaron volviendo a Inglaterra con la idea de trabajar y ahorrar dinero para volver. Después de dos años como profesor de inglés, decidieron volverse, esta vez a Oviedo, donde trabajó durante un año más. De allí, él y su mujer se mudaron a Ampuero, en una decisión que tuvo bastante que ver con motivos personales no planeados, por lo que no fue exactamente una elección meditada. David vive en Ampuero desde 2003, cuando empezó a dar clases en un pequeño local como autónomo, una actividad que con los años ha acabado convirtiéndose en un centro de referencia en la enseñanza del inglés en la comarca, una academia con diez clases donde trabajan más de diez profesores, muchos de ellos, como hemos visto, provenientes de las más diversas partes de Europa o del mundo. Este hecho, en su opinión, no solo enriquece a los profes, que satisfacen así sus deseos de explorar y viajar, sino que enriquece también al pueblo y a la comarca, que descubre otros lugares y formas de ver la vida a través de ellos.

Como deportista nato que es (se declara «atleta amateur»), le encanta hacer carreras de montaña y considera que este lugar es ideal para ello, porque tiene monte (y por otra parte la playa está muy cerca), pero se lamenta de la falta de infraestructuras o señalización de sendas, por ejemplo, lo que en su opinión provoca en parte que los habitantes del territorio no aprovechen ni disfruten de la naturaleza de la misma manera.

Preguntado, cómo no, por el brexit, nos dice que en la zona de la qué el viene, una zona pobre (David compara a Cornualles con Extremadura), la mayoría de la gente, gente descontenta, es pro-brexit. Él, por razones obvias, no puede serlo. Viviendo aquí, dice, ha aprendido mucho de otras culturas, pero también mucho sobre su propia cultura y su propio país. Viajar te abre mucho los ojos, comenta, mientras reconoce que antes era mucho más patriótico, mucho más «pro-Inglaterra», mientras que ahora eso le da más igual. Por tanto, personalmente se siente traicionado, especialmente porque hay unos dos millones de británicos viviendo en otros países que no pudieron votar, como él mismo, en una decisión tan importante. No sabe muy bien qué pasos dará al respecto. En cualquier caso, vivir aquí le ha cambiado la vida, y piensa en lo fácil que fue tomar una decisión así, casi sin pensar, en un lugar sin fronteras.

En cuanto a la relación de los habitantes de la comarca con Europa, cree que la gente piensa más en su ayuntamiento que en la Unión Europea como fuente de las políticas que les afectan. Cree que no se buscan fondos o ayudas, o no se participa como se podría; que, en definitiva, la gente de la calle no piensa en la UE. En ese sentido, considera que muchos jóvenes quieren quedarse aquí para siempre, no les ve motivados para vivir una experiencia europea. Si hay algún sitio donde sí nota la influencia de Europa, es en las fábricas e industrias de la comarca, que hacen un mayor uso de las ayudas europeas.

David, estamos seguros de que tu granito de arena es esencial en la construcción de esa Europa que te ayudó a vivir mejor. ¡Gracias por todo!

 

9. Claudine Van Diemen

Claudine Van Diemen 2

Claudine es holandesa y compañera de trabajo de Lorraine, Eleni y David. Aunque vivió hasta los cinco años en Tesalónica (Grecia), la mayor parte de su vida ha transcurrido en La Haya. Llegó a Ampuero en septiembre de 2017, en su primera visita a España, pero anteriormente ya había pasado varias temporadas trabajando en Francia, en el ámbito de los deportes de invierno. De hecho, es una apasionada de deportes como el surf y el ciclismo y amante de la naturaleza, y esta es una de las razones por las que ella y su compañero decidieron pasar un tiempo viviendo y trabajando en nuestra comarca. Ambos han viajado mucho y por muchos países y, antes de España, había aprendido algo de español en El Salvador, donde estuvo tres meses, lo que le dejó con las ganas de seguir aprendiendo el idioma. Vivían en una gran ciudad y sentían la necesidad de cambiar de aires, pero también de ver de otra manera la vida del país, de verla «mejor» y, en su opinión, eso solo puede hacerse en un pueblo. La entrevista que realizó para trabajar en la academia hizo fácil la decisión.

En cuanto a la experiencia de vivir en otro país, tiene claro que siempre va a haber cosas que eche de menos, pero también que siempre debe mirar a lo interesante de todo lo nuevo que se va encontrando, a todo aquello que las nuevas vivencias le aportan. Le interesa enormemente ver la forma en la que vive la comunidad; le encanta, por ejemplo, ver a los abuelos y a los niños compartiendo espacio en la plaza del pueblo, ver que la gente se conoce y que todos están conectados. Reconoce, sin embargo, que su conocimiento aún bajo del español le limita en esta labor de conocimiento, puesto que es más difícil conectar de verdad. Aun así, esto lo sabía antes de mudarse, sabía que para conseguir algo así hace falta tiempo. Hasta ahora, su impresión es la de que los habitantes de la comarca (los españoles, en general) son bastante directos y sinceros, por lo que se ve fácilmente si algo no les gusta o hay algo con lo que no están de acuerdo.

Claudine no va a quedarse mucho más aquí, ya que se va a trabajar durante dos años a Camboya, pero este lugar es, en su opinión, ideal para criar hijos. Sus alumnos en la academia tienen entre 17 y 18 años, y ella sí ve en ellos ganas o, al menos, curiosidad por vivir experiencias fuera. Nos alegramos, Claudine, y te deseamos toda la suerte del mundo en tu periplo por el mundo.

 

10. Jesús San Miguel

Jesús San Miguel

Jesús es de Gama (Bárcena de Cicero) pero vive en Udalla (Ampuero). Ha sido la primera persona que nos ha contactado motu proprio, algo por lo que le estamos profundamente agradecidos, dado lo difícil que es hoy en día hacer que la información llegue a los destinatarios deseados. En 2010, como colofón a sus estudios de grado superior en Diseño Gráfico, realizó un periodo de varios meses de prácticas en Southampton, Reino Unido, una experiencia de la que guarda un montón de anécdotas y que espera poder contar bien algún día. Hasta allí llegó en barco desde Santander, y con un conocimiento algo oxidado del inglés, aunque antes de su partida hizo un curso organizado para todos los futuros Erasmus. Realizó sus prácticas en un castillo-galería de arte, tras realizar un curso de inmersión durante las dos primeras semanas. Guarda muy buenos recuerdos de su jefa y del resto de compañeros de trabajo, que se portaron muy bien y le acogieron aún mejor, incluyéndole en sus planes de ocio fuera del trabajo. Durante algún tiempo, siguieron en contacto «a la antigua», enviándose productos típicos o postales de Navidad, por ejemplo.

Jesús se encargaba de atender a las personas que acudían a ver las exposiciones, y hablaba con ellas. Cuando no abrían la sala, hacía pequeños trabajos en el ordenador y recados. El hecho de que su jefa hablara portugués le facilitó las cosas, puesto que podían recurrir al parecido entre este idioma y el español cuando la comunicación en inglés fallaba. En general, Jesús considera que con esta experiencia ganó en valentía, que le dio fuerza para atreverse a hacer otras cosas, cosas distintas. Por otra parte, sin embargo, no le ayudó demasiado a nivel laboral, más bien al contrario. Pero con esas fuerzas acumuladas fue como se atrevió a montar su propia empresa en 2011. También valora mucho las relaciones que se establecen, o el haber aprendido bien un idioma que no dominaba. A veces, cuando habla con amigos que no han vivido experiencias de este tipo, ve cómo se arrepienten.

En relación con la presencia de Europa en la comarca, menciona el hermanamiento entre Ampuero y Eauze, que ha facilitado la movilidad de los chavales del pueblo, con los diversos intercambios que han tenido lugar. Pero, en general, no ve especial interés en vivir experiencias europeas, no ve una apertura hacia este tipo de cosas. Quizás sea por desconocimiento, quizás porque, por otras razones, no es algo que llame la atención de los jóvenes. Jesús, sin embargo, guarda muy dentro todo lo vivido y todo lo ganado, que forma parte de su mejor yo.

 

11. Beatriz Cárcamo Aboitiz

Beatriz 3

Me sumo a esta serie con mi propio testimonio (soy la técnica responsable del PIE). Al fin y al cabo, antes de aterrizar en Ramales pasé por unos cuantos países europeos y viví varios años fuera de España.

Se puede decir que he aprovechado prácticamente todas las oportunidades que la UE me ha ido ofreciendo, y así estudié un curso de Erasmus en Florencia (Italia). Más tarde estuve aprendiendo alemán durante varios meses, mientras trabajaba de camarera en Heidelberg (Alemania) con la intención de solicitar una beca de prácticas Leonardo*en una consultora ambiental alemana. Conseguí la plaza y la beca, así que viví seis meses más en Bonn, en una experiencia radicalmente distinta a la de Heidelberg. Un tiempo después, pasé un año de voluntaria con el Servicio de Voluntariado Europeo* en Dadiá, un pequeño pueblo en el corazón de un parque nacional en una zona muy rural del NE de Grecia, al lado de Turquía y de Bulgaria. Aquel fue uno de los mejores años de mi vida pero, como todo, también llegó a su fin. Ante la falta de oportunidades laborales a mi vuelta en España, me decidí a aceptar un trabajo que me ofrecieron en el Museo de Historia Natural de Creta (Grecia), donde viví otro año más. De allí, volví directamente a Dadiá, a trabajar con la misma organización con la que había colaborado como voluntaria, el WWF de Grecia. Pasé casi cuatro años más allí y, por fin, al cabo de una decisión que me costó muchísimo tomar, regresé a España a mediados de 2010. Todavía me dio tiempo, durante el largo periodo de paro que sufrí, a participar en un seminario de formación de adultos dedicado a la lana y la fotografía en Finlandia, junto a otras quince personas de quince países diferentes, en el marco del programa Grundtvig*. Además, viajé por Europa con un billete de Interrail cuando tenía 18 años, he estudiado un postgrado a distancia en una universidad británica… vamos, que experiencias europeas he vivido unas cuantas.

¿Qué me han aportado todas estas experiencias? ¿Cómo han conformado a la persona que soy ahora? ¿Qué significa para mí «Europa», ser «europea»? ¿Está «Europa» presente en mi vida cotidiana en el medio rural? Las respuestas no son fáciles, pero voy a intentar responderlas.

Podría empezar por decir que tengo amigos, a veces casi familia, pero siempre casas abiertas en los rincones más insospechados de este continente. El corazón, a fuerza de práctica, se acaba haciendo a los encuentros y a las despedidas, pero esos hilos que lo unen con tantos otros no acaban de romperse y proporcionan un buen agarre en los raros momentos de asfixia, cuando el horizonte parece encogerse y encerrarla a una en un microcosmos en blanco y negro.

Seguiría con un poema en griego, una serie en inglés, una canción en italiano, una peli en francés, y aplíquense las combinaciones necesarias. Poder emocionarme, reírme, desgañitarme o desconectar en el mismo idioma en que los autores pensaron sus obras es, para mí, un auténtico regalo. El vocabulario que manejo en mi lengua materna (el castellano) se ha enriquecido, mi cerebro ha creado conexiones que ni sabía que podían hacerse, mi curiosidad sigue creciendo. Llámese «gozo intelectual», como decía Jorge Wagensberg, llámese pura supervivencia (a ver en qué idioma, si no, iba yo a atender a un cliente de una cafetería en lo alto de una colina en Heidelberg o a hablar con la dependienta del ultramarinos de mi pueblo griego), los idiomas me han dado más vidas que la mía (¡pero no el tiempo necesario para vivirlas todas!).

No, a nivel laboral, con la perspectiva de los años, mi experiencia europea no me ha aportado gran cosa. Quizás, incluso, lo contrario, puesto que la manera de establecer contactos (que es, al fin y al cabo, lo que permite acceder a un trabajo en la mayor parte de los casos, al menos en este país) no es viajando de un lugar a otro y no parando mucho tiempo en ninguno de ellos. No voy a mentir, me decepciona que sea así, puesto que he ganado conocimientos, experiencia, habilidades sociales, independencia, confianza y tantas otras cosas que considero que me han enriquecido enormemente también como profesional. Pero es lo que hay, y por tanto no puedo dejar de señalarlo: si tu motivación para vivir otras experiencias en otros países es de índole puramente laboral, «porque así tendré más oportunidades al volver», piénsalo un poco mejor, porque el golpe puede ser fuerte. Si, por otra parte, te ves obligado/a a vivirlas, como me pasó a mí antes de irme a Grecia, te diría que nunca se sabe lo feliz que puedes llegar a ser ni las vueltas que puede dar la vida. Esta es, por supuesto, mi visión personal de las cosas y, por si no ha quedado lo suficientemente claro, no me arrepiento en absoluto de haber tomado las decisiones que tomé, sino todo lo contrario.

Europa, como es obvio, está muy presente en mi vida actual, fundamentalmente a través del trabajo que desempeño en estos momentos. Pero, si dejamos fuera este factor, diría que la presencia se difumina un poco, especialmente cuando pienso también en la vida cotidiana de la comarca. He comprobado, por ejemplo, que los jóvenes de 17-18 años desconocen la inmensa mayoría de las propuestas que la UE tiene para ellos. Considerando que es un colectivo con fácil acceso a la información, esto me inquieta, pues probablemente sea el reflejo de una desinformación generalizada en el territorio. Como han recordado otros protagonistas de esta sección, el referente de la población es la administración local y, aunque muchas de las políticas puedan haber sido conformadas «en Europa» o muchas inversiones locales estén cofinanciadas por fondos europeos, esto no es tan visible a pie de calle. Ojalá el PIE pueda contribuir a expandir los horizontes y las oportunidades de algunos de los habitantes de la comarca; en ello estamos.