Microrrelatos finalistas y ganadores del IV concurso «Europa rural»

Hoy, Día de Europa, y por cuarto año consecutivo, damos a conocer los microrrelatos finalistas y ganadores del Concurso de microrrelatos «Europa rural». Este año ha aumentado la participación en el concurso, y estamos muy muy agradecidos a todas las personas que han dedicado su tiempo a imaginar historias, observar a su alrededor, plasmar en el papel testimonios de vida. Queremos enviar desde aquí un agradecimiento muy especial a dos grupos concretos: uno, las participantes y facilitadora del taller de memoria de Ramales de la Victoria, que se han animado a escribir y han llenado de experiencia sus papeles. Otro, l@s alumn@s y la profesora de lengua de 6º del CEO Príncipe de Asturias de Ramales de la Victoria, que han multiplicado por mucho la participación habitual en la categoría joven, que por desgracia ha quedado desierta alguna vez en el pasado.

El jurado, compuesto por la técnica de la Oficina Comarcal de Turismo Asón-Agüera-Trasmiera, la técnica del PIE Valles Pasiegos y la técnica del PIE Asón-Agüera-Trasmiera, ha tomado la decisión siguiente:

En la categoría joven, el relato ganador ha sido

DE ALEMANIA A ESPAÑA, por Noelia Ruiz Damota (Ramales de la Victoria)

Mi nombre es Alain y vivo en Frankfurt, Alemania, tengo 19 años y vivo con mis padres. Desde los 5 años, mi vida estaba tranquila hasta que me llamaron para leer el testamento de mis abuelos, el cual decía que me habían dejado una casa en Ramales de la Victoria, Cantabria, España.  Así que a la semana siguiente cogí un vuelo directo a Madrid, de ahí a Santander, Cantabria.

A partir de ahí tuve que coger un taxi, todo allí era verde e infinitamente verde. Al llegar a Ramales, una gran casa de piedra estaba delante de mí, cogí las llaves y entré.

La casa no estaba del todo mal, aunque había que hacer alguna que otra reforma. Dejé las maletas y me fui a recorrer el sitio, pregunté en un bar qué podía visitar, allí me dijeron que había una cueva muy famosa llamada “Cueva de Covalanas”, me quedé asombrado con las pinturas que había en las paredes, ciervos, un caballo, un uro…

Durante las siguientes dos semanas estuve recorriendo sitios de alrededor de Ramales de la Victoria: Ancillo, Cubillas, el Pico San Vicente, la Cascada del Asón, Gibaja, Riancho, Rasines me encantó por el gran Mamut que había allí.

Me encantaba estar en Cantabria, me sentía en casa y con libertad, así que decidí llamar a mis padres y decirles que me trasladaría a vivir allí, ellos no lo aceptaban del todo, pero no les importaba mientras siguiera estudiando.

Adoro vivir aquí.

Microrrelato finalista 1:

LA VACA DE BUSTABLADO, por Lucía Hazas Martínez (Ramales de la Victoria)

Dos chicos que procedían de Francia decidieron visitar la vaca de Bustablado por lo bien que hablaban de ella.

Como no sabían llegar a ese lugar yo les acompañé, la verdad se notaba que eran de ciudad porque estaban un poco sorprendidos con las vistas tan bonitas de verde que había.

En un momento me dieron un susto porque uno de ellos casi se cae por una tosca abajo. Hubo momentos tanto malos como buenos porque los chicos eran bastante graciosos, tenían miedo de las vacas y corrían cuando las veían.  

Había que saltar demasiadas portillas así que el camino se hizo bastante más largo de lo esperado nos llevó dos horas y media subir. Cuando llegamos al destino les gustó tanto la zona y el monumento que se querían llevar la escultura a la ciudad del amor.

También de encontraron con Hilario, os preguntaréis quién es. Pues es un hombre de mediana edad que vive allí, en la montaña.

 La verdad, la vida allí es un poco dura sin luz y poca agua; pero parece que le gusta o no le queda otra. Bueno, a lo que iba, es muy majo y a los chicos les encantó.

Microrrelatos finalistas (2 y 3, por empate en puntuación):

LA CASCADA Y LAS SIRENAS, por Lara Gómez Rodríguez (Ramales de la Victoria)

Hace unos días, vino mi amiga Annette a mi casa de vacaciones. Ella venía de Francia y no conocía Cantabria. Estuvimos hablando de qué hacer y se me ocurrió llevarla a la Cascada del Asón.

Por la mañana, cogimos nuestras mochilas y nos fuimos hasta Asón en coche. Luego, empezamos la ruta andando, teníamos que subir unas rocas y pasar por encima de un río. Era un poco difícil, pero pudimos llegar arriba.

Cuando llegamos, encontramos una preciosa cascada. Nos sentamos en unas rocas a comer algo, pero de repente vimos en el agua una sirena. Como estábamos solas, no podíamos preguntar a nadie. Después vimos a otra, pero desapareció muy rápido. Vinieron unos chicos y apareció otra sirena, les preguntamos que, si habían visto eso, pero nos dijeron que no. Pasamos de las sirenas y le conté una historia. Al cabo de un rato, a punto de irnos, volvimos a ver otra sirena, pero esta vez estaba en un barco con peces.

Annette y yo preguntamos si habían visto el barco, pero no vieron nada. Al final resultó que había sido nuestra imaginación.

 Camino a casa estuvimos hablando de cómo había sido la ruta. A las dos nos gustó mucho, pero estábamos un poco cansadas, así que cuando llegamos a mi casa, vimos una película rodada en Alemania.

Cuando Annette volvió a su casa, les contó la historia a sus padres. Fue una buena experiencia, espero volver a ver a Annette.

UNA DIFÍCIL DESPEDIDA, por Paola Bergantiños Tucuna

Hoy es un día MUY especial, ya que vamos a ir toda mi clase y yo a una excursión. Vamos a ir a La Cascada del Asón, y supuestamente van a venir otros niños de Italia y nos juntaremos, espero que mi mejor amiga, Sara, y yo hagamos muchos amigos nuevos.

– ¡Todos al autobús! -dijo nuestra profesora gritando para que nadie se quedase atrás.

Sara y yo éramos las últimas en la fila, como casi todas las veces que vamos a algún sitio, íbamos corriendo hacia el autobús y cuando entramos nos sentamos juntas.

En el viaje tardamos una hora, ya que vivimos en Bilbao. Bajamos todos del autobús y nos encontramos con los de la clase de Italia.

-Sentaos todos-dijo el profesor de ese colegio.

Nos sentamos en corro y nos juntaron de cuatro en cuatro, a Sara y a mí nos tocó con Ariana e Irina. Estuvimos hablando mucho, durante horas, nos estábamos llevando bien, pero entonces los profesores nos dijeron que era hora de merendar. Las dos clases juntas buscamos un sitio “cómodo” para merendar, tardamos unos 4 minutos o así. Nos sentamos a merendar mientras veíamos esa preciosa cascada, yo me la imaginaba cayendo lentamente para que fuera más bonito, había un bonito arcoíris por medio.

 Se me pasó el tiempo volando, era hora de irse, nos despedimos de Ariana e Irina con un fuerte abrazo, no sabemos si sabremos más de ellas, pero esperemos encontrárnoslas algún día, nos cayeron genial.

En la categoría adulta, el relato ganador ha sido

HERMOSAS RAREZAS, por Alberto Rodríguez Guerrero (Santoña)

Tras unos días de descanso en un inaccesible carrizal de la marisma de Bengoa, el pequeño viajero escandinavo reanuda el vuelo con energías renovadas. Para orientarse, ha aprendido a reconocer las banderas azules con estrellas doradas colgadas en los pueblos. Durante el trayecto, con fines puramente científicos, estudia la actividad de los humanos observados. Son todos, en realidad, muy parecidos. Desde Malmö hasta Bárcena de Cícero, desde Copenhague hasta Liendo, todos comparten las mismas alegrías, las mismas desazones, los mismos anhelos. A su paso por Limpias, tiene la fortuna de observar el cortejo de dos ejemplares jóvenes. Siempre le ha parecido curioso ese ritual humano llamado beso que consiste en acoplar los apéndices carnosos de sus bocas. En Ramales le alegra descubrir a una hembra y un macho adultos empujando un artilugio con dos crías; estas zonas de interior necesitan repoblarse. Tras varias horas de viaje, llega, agotado, a su refugio invernal: un pequeño robledal en los Collados del Asón. Allí, como cada año, localiza a ese curioso humano que, prismáticos en mano, espera ansioso su llegada. Orgulloso, le muestra su característica marca pileal para que pueda identificarlo. No son muy distintos, piensa. Un indiscreto reyezuelo y un pecoso adolescente amante de la ornitología. Hermosas rarezas. Lo que ese pelirrojo solitario no sabe es que hay muchos otros como él. Llegado el momento, al igual que hace su emplumado amigo, deberá desplegar sus alas y recorrer el camino de banderas azules para encontrarlos.

Microrrelato finalista (1):

SANGRÍAS DEL VALLE, por Silvia Villanueva Santander (Castro Urdiales)

Son las doce de la mañana de un mes de marzo asombrosamente común. El sol acaricia tímidamente la espalda encorvada de Rufina, una apacible mujer de ochenta y tres años que da su paseo diario apoyada en su cachaba. Es bastante disciplinada y se esfuerza en dar pequeños pasitos para no perder movilidad. Vive sola desde que su marido murió y aunque sus hijos insistieron en llevarla con ellos a la ciudad, no quiso.

A una distancia asumible para su vista cansada aparece un alimoche. Ella desconoce su nombre, pero lo identifica enseguida porque su padre siempre le hablaba del buitre simpático y porque su mente es mucho más rápida que sus piernas. Contempla en silencio y respetuosa su silueta sobrevolando el Mazo de San Pedro y sabe que eso significa que se acaba el inviernu en el valle de Soba.

Muy lejos de allí, en Sirnea en el distrito de Brasov en Rumanía, Nicoleta se sienta en la parte de atrás de su casa y mira absorta el limonero. Este año luce más frutos que nunca y eso le gusta, le llena de un orgullo infantil que apenas se atreve a compartir, aunque se lo contará a su hija y su yerno cuando la llamen por teléfono el viernes al salir de trabajar. Emigraron hace años y los echa de menos, sobre todo a su nieto, pero en días como hoy se siente menos sola.

Sin saberlo y sin conocerse, Rufina y Nicoleta tienen mucho en común.

Microrrelato finalista (2):

SI A MANU VIEN, por Yolanda Martínez Sacristán (Rasines)

Que dicin que mos alamparán los praus pa jacer viviendas asgaya… Que dicin que pinarán aspavientus enos muestros montis . Que hagüanu, en pasando el dalli ascucharemus el ruidu sordu y submarinu delas aspas, en tal del cantu de los pajarus. Que las vallis remanecerán cunvirtíus nuna trisca de casas atropáas…

Construcciones eclécticas, sin nuestra arquitectura, sin nuestra idiosincrasia, piensas. Subirán los precios; nuestra juventud no podrá pagarse una vivienda digna y tendrán que emigrar, una vez más.

Que dicen….

Nel, vuelves la cabeza, dudas si intervenir y pegas un sorbo al vaso.

Que dicin que perderemos los muestros pastos y ¿qué jaremos col ganau…? ¡Santo discurriatu! Mercalu y jospar ca la ciudad…

A morir, piensas.

Que si los fondos de Europa, que si el AVE, que si las vacas…. La misma cantinela en la taberna. Estás harto. Marchas con un saludo apagado y, lentamente, circulas por la sinuosa carretera que, paralela al rio Asón, hace guiños entre luces y sombras del arbolado. Observas la corriente del rio, inmutable, saltarina con ese aroma acre del limo y los avellanos. Y piensas que es mucho perder; que no destrocen estos valles como la costa de la Trasmiera; que no nos roben de nuevo como hicieron con el cupo de leche.

No, esta vez no. Nos plantaremos.

Esta tarde irás al conceju, a esa reunión y, después, limpiarás tu escopeta, esa que heredaste del tu güelu.

Si a manu vien” decía el viejo.

Te juegas la tierra…

¡Enhorabuena a los ganadores! Ambos microrrelatos se publicarán en la revista Cantabria Europa que edita todos los años la Dirección General de Fondos Europeos, y nos pondremos en contacto con sus autores para hacer la entrega del premio.

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